Manuel Castañón López

Un intercambio es una puerta que se abre...

Un intercambio es una puerta que se abre. Es una vida que cambia por completo. Una mente que se expande, un aprendizaje que va a quedar para siempre. Eso aprendí en mi experiencia internacional.

Fueron seis meses en Brasil, a la Universidade Federal do Tocantins, en el marco del Programa de Movilidad del Mercosur, cofinanciado por el Mercosur y la Unión Europea, y gestado por las Universidades de nuestra región, entre las que se encuentra la Universidad Nacional del Comahue.

Al principio estaba nervioso: no sabía qué me esperaba. No sabía cómo era la gente, ni la Universidad. Ni conocía el idioma.

Sin embargo, si algo aprendí después es que esos nervios, esos miedos a lo desconocido, sólo nos frenan. Tenemos que dejarlos pasar y nos tenemos que arriesgar. A fin de cuentas, la vida se trata de eso: arriesgar, intentar, persistir…

Académicamente, el intercambio fue muy rico: no sólo aprendí a falar un idioma nuevo, sino que aprendí mucho del sistema jurídico brasilero –como estudiante de Abogacía, algo muy interesante–. Tuve oportunidad de debatir y de intercambiar aprendizajes con otros compañeros y profesores, que siempre estuvieron interesados en escucharme.

Culturalmente, fue increíble: caipiriña, feijoada y samba son combinaciones alucinantes. Brasil, en particular, es un país muy rico en música, costumbres y comidas.

Por último, a nivel personal, fue una experiencia de puro aprendizaje. Me hice nuevos amigos, de esos con quienes uno no pierde nunca más el contacto. Además, aprendí (a la fuerza) a enfrentar los problemas del día a día en otro país, pero siempre con buena voluntad.

A todos aquellos que alguna vez lo pensaron, les digo: arriésguense. ¡Porque vale la pena!

Manuel Castañón López.

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